Encontré lo que buscaba y más.

La experiencia me cambió, tuve momentos desafiantes, momentos gratificantes e infinitos aprendizajes.

Si tuviese que describir mi experiencia en una palabra sería compartir. Compartir momentos, culturas, cuestionamientos, visiones del mundo, charlas poderosas. Compartir tiempo de calidad y aprender. En este tiempo me di cuenta de que no importa de dónde vienen ni a dónde van las personas, tenemos más cosas en común de lo que pensamos. Y que si todos nos diéramos cuenta de esto, el mundo definitivamente sería un lugar mejor.

Decidí vivir esta experiencia por dos motivos. El primero, siempre me interesó trabajar con adolescentes. Creo que es el momento en que empiezan a descubrir quiénes son y qué quieren para su vida, están a punto de ser mayores de edad y tomar decisiones por ellos mismos. Sus mentes se encuentran en constante cambio y son maleables. Es la edad perfecta para abrir su perspectiva y generar un cambio en ellos.

El segundo, buscaba una experiencia personal. Tomar este tiempo para pensar y tomar algunas decisiones, fuera de mi contexto y zona de confort. Además, vivir la aventura de conocer un país muy lejos de Argentina desde adentro, viviendo como local.

Trabajando con  adolescentes croatas en escuelas secundarias encontré muchas similitudes con los estudiantes en Argentina. En su forma de actuar, su mentalidad y opiniones sobre diferentes temáticas. También me di cuenta pocos saben dónde queda Argentina y la mayoría no tenían idea de la realidad de Latinoamérica y las desigualdades que existen en el mundo hoy en día.

Compartir momentos, cultura, idiomas, charlas poderosas.

Sentí una responsabilidad enorme en cada clase, porque veía las caras de los chicos y cómo escuchaban con atención cada cosa que decía. Tenía que ser muy cuidadosa con mis palabras porque realmente tenían impacto y estábamos trabajando sobre temas que no se charlan normalmente en un aula, que no ven día a día en su realidad, en una cultura completamente diferente a la mía. Además, era la primera y quizá única persona argentina que conocían y lo que dijera e hiciera sería lo que recordarían de mi país.

Me sorprendí al ver sus ganas de participar y su interés en el tema. Escuchándolos me di cuenta que solemos subestimar a los adolescentes, creyendo que no tienen la edad y madurez suficiente para tratar ciertas temáticas, cuando en realidad lo que necesitan es un espacio en el cual puedan expresar sus ideas sin ser juzgados. También, que necesitan escuchar que son lo suficientemente buenos, que no tienen por qué seguir la corriente y tratar de encajar (que es lo que normalmente intentan a su edad) o hacer lo que se espera de ellos y que tienen oportunidades infinitas y capacidad de decisión sobre ellas.

Algo que me hizo pensar y no voy a olvidar fue el momento en que finalice la clase en una de las escuelas y la maestra, que había estado presente, me dijo “Escuchar a los estudiantes en tu clase me hizo pensar en qué es lo que les estamos enseñando realmente en la escuela y todo lo que nos falta abarcar”.  Ahí me di cuenta que el impacto que podemos generar en poco tiempo es infinito, que nuestra pequeña marca puede significar el comienzo de algo mucho más grande.

La experiencia me cambió. Tuve momentos desafiantes, momentos gratificantes e infinitos aprendizajes. Me voy feliz, sintiendo que pude ampliar un poquito la perspectiva de las personas que conocí, aprender de la suya y dejar una marquita personal y argentina en cada uno.

Encontré lo que estaba buscando y mucho más. Fueron 6 semanas que se quedan conmigo para toda la vida.

Yo Vivía mi historia de liderazgo en Croacia… ¿Que experiencia vas a vivir vos?

Florencia, voluntaria Argentina.