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Hemos contado por este medio muchísimas historias sobre intercambios, pero la de ella va más allá. Sin tanto que decir los dejo con Anto, una hermosa persona que recorre las calles de Capital Federal.

Mi nombre es Antonella Braillard y actualmente vivo en Capital Federal mientras estudio la carrera de Lic. en Publicidad. En Agosto de 2017 tomé la decisión de realizar un intercambio de voluntariado, algo que desde hace mucho tiempo soñaba hacer, por lo que decidí realizar el proyecto SMART en Natal, Brasil. Esto me parecía una idea brillante ya que podía combinar mi área de estudio con un fin social y no había nada en ese momento que deseara más.

Así fue como en Enero de 2018 llegué a Natal y me informaron cuál iba a ser mi ONG y quiénes iban a ser mis compañeros de trabajo. Todo era un misterio y estaba con mucha ansiedad hasta ese momento. Instituto Educar Golandim, situado al Norte de Natal, fue nombrado como el lugar en donde yo iba a estar impactando positivamente y por el que iba a estar trabajando todo mi verano, con compañeras de Chile, Argentina y Perú.

Carlos y Valeria son los directores de la ONG, el primer día se presentaron ante nosotras y nos contaron su historia. Desde jóvenes ellos luchaban por que todos los niños tuviesen educación y acceso a oportunidades, por eso decidieron fundar el instituto. Para que cada nene de Golandim tuviese educación de calidad y por que en los tiempos libres fuera del colegio puedan seguir recibiendo ayuda con sus tareas e idiomas y amparo.

Esta historia fue un antes y un después en nuestro proyecto y en nuestra visión sobre la ONG, sin duda la pareja se transformó en una fuente totalmente inspiradora para mi proyecto y mi objetivo personal . Hoy, los sigo recordando con ese cariño y con una gran admiración.

Debido a lo dicho anteriormente y en base a las necesidades que tenían como institución, decidimos basar nuestro proyecto en una búsqueda a través de las redes sociales de voluntarios residentes en Natal. Parte de nuestro objetivo personal como equipo también era que los nenes pudiesen tener profesores con los que no se encariñen y tengan que sufrir una despedida (como sucedía con los voluntarios de otros países). Que pudiesen ir siempre a la ONG sabiendo que iban a seguir viéndolos y no preocupados por cuántos días más quedaban para compartir juntos.

Una de las grandes incógnitas a las que nos enfrentamos era saber qué formación deberían tener esos voluntarios o en qué se iba a basar su presencia en la ONG por lo que decidimos comenzar a hablar con los nenes para ver qué era lo que ellos querían y la mayoría nos sugirió arte y música.

Una vez que tuvimos claro el objetivo comenzamos a generar un concepto de campaña, generar diseños para las redes sociales, crear un hashtag principal. Y también, comenzamos a sacar fotos y vídeos sobre la experiencia de los nenes en la ONG para que pudiesen conocerlos más de cerca. Con los días comenzó a dar resultado, muchas personas nos contactaron interesadas en poder ayudar a los niños.

Fue un proyecto muy divertido e interesante, con mis compañeras nos dividimos las tareas en base a lo que cada una podía realizar de manera más efectiva y nos pedíamos ayuda si no podíamos resolver alguna situación, también nos pedíamos feedback y nos ayudábamos.

Algo interesante también, fue que nuestra actividad no quedó dentro de la ONG sino que decidimos también buscar voluntarios fuera, tuvimos acceso a la Universidad Federal de Río Grande do Norte, presentamos el proyecto y el instituto a la Directora. También buscamos voluntarios en un Centro Cultural enfocado al arte y la música.

Relacionado a esto, lo más desafiante a lo largo de la experiencia fue poder comunicar exactamente lo que queríamos, ninguna era experta hablando portugués por lo que tuvimos que desafiarnos a la hora de comunicarnos mediante las redes y también a la hora de hablar con las personas para poder explicarles nuestro objetivo. Pero fue un desafío muy divertido que me abrió las puertas para poder nutrirme y comprender un idioma que no era lejano pero que sin dudas no hablaba seguido y hoy me encanta seguir escuchando y aprendiendo más.

Por otra parte, lo que más me gustó fue poder conocer gente de otras culturas, lo que me permitió darme cuenta que no existen las fronteras, que todos somos iguales y podemos luchar por un mismo objetivo, que todos merecemos tener igualdad de oportunidades sin importar de dónde vengamos. Poder interactuar y conocer sobre la realidad de otros países me hizo saber que muchas problemáticas que pensamos que son propias existen también en otros lugares y que poder terminar con ellas es algo global, algo que excede las fronteras.

Aún mantengo contactos con los niños.

Finalmente, una vez finalizado el proyecto y ya instalada nuevamente en mi ciudad me di cuenta que viví una experiencia única e inspiradora y que dependía de mí que quedará en un recuerdo de un gran verano o que siguiese siendo parte de mi vida.  Por eso decidí transformar mi intercambio en el motor de un gran capítulo por escribir y me decidí a comenzar a impactar directa y positivamente en mi propio país, a luchar porque esos nenes de Golandim que tan felices hicimos y hoy tanto nos agradecen, sean niños también de Argentina por los que decido luchar, amparar y aportar con un granito de arena a que tengan también acceso a oportunidades.

Mi intercambio fue sin dudas una experiencia totalmente superadora, desafiante, divertida y llena de amor, una vivencia que superó completamente mis expectativas, me dejó grandes enseñanzas y muchos ejemplos de vida mediante los cuales aprendí a luchar realmente por mis sueños, entendí que nada es imposible y que con sólo aportando un granito de arena de manera positiva podemos construir destinos y generar un futuro mejor para todos.

Antonella Billard

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