AIESEC Argentina
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De niña había un libro que llamaba mucho mi atención y me cansé de leer una y otra vez; “Cuentos cortos para dormir ratones”. Hoy no busco que te duermas pero sí traje una recopilación de historias. Cortas, pero con significado, con subas y bajas. Perfectas para tu objetivo actual, convencer a ese amigo que querés llevarte con vos para un viaje mágico, de ensueño y con propósito; tu intercambio. Sin dar más vueltas te las traigo a ellas, valientes y audaces, nuestras voluntarias.

 

Lourdes Musso, entrerriana, amé a sus niños.

“Parada frente a un aula, en un poblado olvidado de Perú, cierro los ojos, me detengo a preguntarme qué hago acá, cuál es mi trabajo como voluntaria. Abro los ojos, veo a diez niños de 6 y 7 años que me miran con una mirada brillante, ojos expectantes y escucha atenta para ver que vamos a aprender de nuevo hoy . Entonces entiendo que ser Voluntaria es un responsabilidad muy grande pero a la vez es una satisfacción y alegría que nunca había sentido en mi vida. 

Esta experiencia no sólo te transforma a vos, si no que es una oportunidad para transformar y potenciar la vida de cada niño, para descubrir el mundo juntos, desafiarnos para crecer y animarnos a creer en nuestros sueños.
En AIESEC descubrí mi lugar en el mundo

Agustina, de Facebook al avión. Con 30 rostros viéndote es imposible sentirte sola.

Conocí AIESEC en el mes de julio de 2017, eran las 23hs, yo estaba navegando en facebook cuando me apareció una publicación para realizar un “voluntariado global”, no entendía mucho qué era pero basto leer eso para que se me vaya el sueño, prepare el mate y empiece a leer más, hay una sola cosa que si sabia: mi sueño estaba más cerca de lo que alguna vez había imaginado.

De más esta decir que esa noche prácticamente no dormí y al otro a las 7:30 estaba llamando a mi mamá para contarle pero su respuesta fue “no, primero la facultad” .. uff, eso sí que habia dolido, pero no importaba, yo a mí sueño lo iba a cumplir.

En mi ciudad habia trabaja en ONG’s en la que ayudaban a gente en situación de calle, y ahí fue cuando termine de confirmar que mi sueño era ir a trabajar a otro país, ir a otro país a dejar una pizca de esperanza en algún corazón.

Y ahi estaba yo el 4 de enero de 2018 en el aeropuerto, acompañada por mi mamá y mis hermanas, todas sabiendo que yo iba a concretar mi sueño. 
Llegué llena de dudas y miedos, no voy a mentir, le temía al idioma, a la distancia y a todo el tiempo que iba a estar tan lejos de todos. Pero nada pudo haber salido mejor; me toco trabajar en una ONG en la que si no sentí mal, había amor hasta en los árboles. ¿En que momento iba a tener miedo o iba a sentirme mal si cada mañana al entrar a ese lugar me esperaban mas de 20 brazos abiertos dispuestos a apretujarme un poco? ¿Cómo iba yo a sentirme sola si tenia más de 30 miradas expectantes admirandome? Porque eso hicieron, me admiraron, a mi y a todos mis compañeros.
Era tan fácil levantarme a las 5 de la mañana, tomar dos colectivos, estar en una zona peligrosa porque ellos hacían que valga la pena, hacer todo eso y más.

Me enseñaron mucho más de lo que yo les pude transmitir a ellos, me enseñaron todo a base de besos, amor, abrazos y juegos, me dejaron disfrutar de un amor tan puro y noble y sobretodo de su compañía, me hicieron creer, crecer y soñar.

¿Alguien podría imaginar qué se siente que los niños nos digan que su sueño es viajar a Argentina para volver a vernos? ¿O que en sus cartas de despedida me digan que vuelva, que nunca me van a olvidar? Yo tampoco alguna vez me imaginé lo que era sentir haber dejado una huella en un corazón.

Voy a volver a verlos, yo lo sé.

Hoy esto termino, pero gracias a ellos, dentro de mí hoy todo empezo.

Andrea, de Santa Cruz a corrientes y luego a Brasil. Todos somos el mundo

Soy Andrea Belén Meza, tengo 20 años, soy oriunda del interior de la Provincia de Santa Cruz y, hace unos años, vivo en la Ciudad de Corrientes.
Hace un tiempo atrás, la vida me insistió en hacer algo grande, y al mismo tiempo me cruzo con AIESEC y su amplio abanico de oportunidades de desarrollar liderazgo y luchar por la paz.

Hace un mes que regresé de mi intercambio en Salvador de Bahía, Brasil. Estuve trabajando como voluntaria en Creche Escola Gerania Oteca, con el Proyecto “GiraMundo” que lucha por el cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU, Educación de Calidad.

Allí asisten niños desde los seis meses hasta los ocho años de edad, y durante seis semanas, con mis compañeros de Argentina, Colombia, Perú y Brasil, trabajamos distintas temáticas como la cultura de nuestros países e idioma mediante canciones, bailes y muchos juegos, y sobre todo nos enfocamos en los valores de la vida.

Además, conocí otras personas que tenían el mismo propósito que yo: Miembros de AIESEC, voluntarios de países como Colombia, Perú, Paraguay, México, Ecuador, Alemania y República Checa; mi Host Family y mi Buddy. Doy fe que ellos también querían hacer un cambio y un mundo mejor. Juntos rompimos barreras interculturales y ahora son mis hermanos globales que, sin lugar a dudas, desde sus hogares están ejerciendo ese liderazgo que juntos desarrollamos.

No solo me divertí muchísimo, también cada día que iba pasando ellos se ganaron mi corazón y yo los de ellos. No les miento, extraño muchísimo mi vida Soteropolitana, y especialmente a mis niños de la creche. Pero a la vez, estoy muy feliz de haber impactado en ellos, que son del futuro, y sobre todo de haberles hecho comprender que son del mundo y que pueden hacer con él lo mejor.

¿Y saben que? Todos somos del mundo. Lo tenemos en nuestras manos, y podemos transformarlo día a día. Tenemos un mundo para ver, y nada que perder. No pierdan la oportunidad de luchar por una causa, ¡Y disfrutar de hacerlo!

Gise, nunca dudes, puedes cambiar el mundo.

Mi nombre es Gisella y estoy realizando el proyecto Smart en Natal, Brasil. Trabajo en una ONG que lucha porque los niños puedan tener una educación de calidad, ubicada en un barrio que el Estado olvidó.

Antes de viajar tenía un conjunto de emociones que no podría describir, pero preponderaban el miedo y la ansiedad. Hoy puedo decir que si hubiese sabido que iba a vivir la mitad de las cosas que viví, no lo hubiera dudado ni un segundo.

Desde mi primer dia de intercambio 35 niños corren a abrazarme cada vez que entro a la ONG, y me despiden con besos y abrazos todos los días, ellos hicieron que los lunes me levante con ganas de ir a trabajar y que realmente ame lo que hago.

Pero no todo es trabajo! Cuando salimos de la ONG todos somos jóvenes que quieren conocer, hacer amigos, reír, gritar, cantar, bailar y gracias a eso es que conocí personas increíbles e hice amistades que van a durar toda la vida! AIESEC me regaló hermanos en diferentes partes del mundo.

Una parte de mi corazón se queda para siempre en Natal y en toda la gente que hizo que esta sea una de las mejores experiencias de mi vida.
Yo no sé si puedo cambiar el mundo, pero si pude cambiar el mundo de una sola persona en todo mi voluntariado, mi trabajo ya está hecho.

 

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