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Santigo leyó las experiencias de intercambios que venimos publicando. Enamorado de las notas de Vito y Brendo en a favela y “Tranquilo, yo te agarro“. Se animó a desafiar sus habilidades de escritura y nos sorprendió con estas hermosas palabras tras viajar a Egipto.

En mi intento por escribir esta reseña, comienzo a rememorar  muchas cosas sobre las que me gustaría contar de mi experiencia. Sobre como fue mi primer día en Egipto, mi contacto con la cultura oriental, mi oportunidad laboral, mi convivencia con intercambistas de decenas de países. ¡Tantas cosas!. Y es en este preciso momento que estoy comprendiendo lo que viví. Esas 6 semanas mágicas conforman, y sin exagerar, muchos de los momentos más felices de mi vida. Experimenté de todo. El desafío estaba a la vuelta de la esquina (incluso la comida representaba uno para mí), donde me encontraba más allá de mis comodidades, de mi naturaleza.

Eran 9:30 de la mañana y me encontraba yendo al trabajo en una de las típicas mini-van (único medio de transporte) de Damietta, la principal ciudad portuaria de Egipto. Estoy a 11.900 km de casa, muy lejos. En un mundo completamente desconocido para mí, el cual cada día es una aventura en su sentido más literal. Desde desayunar un típico falafel ¡A precios increíblemente baratos!. Hasta comunicarse con un ciudadano por medio de señas. Cruzar el ancestral río Nilo en una barcaza todos los días y jugar un partido de fútbol intercultural. Reunirse con amigos en un bar a disfrutar del dulce aroma de la shisha (pipa de agua, conocida también como narguile). Para luego saber que mi fin de semana iba a consistir en recorrer templos y pirámides de aproximadamente 4000 años de antigüedad. La lista sigue y sigue.

Sin embargo, fueron las personas con las que me topé en el viaje lo que lo hizo único. Cada día fue completamente distinto a la rutina que venía llevando en Buenos Aires. La aventura la encotré allá. En el compartir con personas, que si bien son de distintas nacionalidades (egipcios, brasileños, turcos, indios, colombianos, chilenos, y muchos más), y por ende, de culturas. Esta convivencia me unió más a las cosas en que yo creo. Así fui agrandando mi familia sin darme cuenta.

Hay momentos en la vida que no se pueden encasillar en párrafos. Me es muy difícil poder contar sobre lo que experimenté esos días en Egipto. Es cierto que gran parte se debe a mis habilidades como escritor, pero también lo es que este tipo de viaje… uno debe vivirlo.

Santiago Leiton.

 

¿Qué conocés de Egipto? Aquí van diez curiosidades que conoció Santi:

  1. ¿Sabías que muchos de los utensilios domésticos que utilizamos fueron inventados o utilizados por los antiguos egipcios? Entre ellos están la llave y cerradura, los peines, las tijeras, las pelucas, el maquillaje, los desodorantes, el cepillo de dientes y hasta la pasta dental. Curioso, ¿verdad?
  2. Momias. Los egipcios comunes no eran momificados. Pero eran enterrados en fosas donde el calor y las condiciones secas del desierto, los momificaban naturalmente.
  3. La Gran pirámide de Giza es la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que llegó hasta nuestros días. Está formada por 2.300.000 bloques de piedra individuales, cada uno de ellos con un peso de alrededor de 2,5 toneladas.
  4. Las mujeres egipcias de la antigüedad, en lugar de llevar perfume en la piel, lo llevaban en la cabeza en forma de conos perfumados.
  5. En contra de lo que se cree, eran los perros y no los gatos la mascota más habitual en Egipto. Se consideraba que los gatos eran demasiado especiales como para ser mascotas de la gente normal.
  6. Duelo por sus mascotas. Los egipcios amaban a sus mascotas. Pero, ¿que ocurría cuando una moría?. Había gran desolación entre los habitantes de la casa por la muerte de la mascota. Según el historiador griego Heródoto de Halicarnaso, que visitó Egipto a mediados del siglo V a.C., éstos se depilaban las cejas en signo de aflicción cuando moría su gato, y se afeitaban todo el cuerpo, incluida la cabeza, si el que moría era un perro.
  7. Puesto que el embalsamiento era costoso, el hecho de que una mascota fuera momificada indicaba que había sido muy especial para su propietario. También los enterraban en sus propias tumbas. Se sabe de un egipcio que introdujo la momia de su animal más querido en el interior de su propio sarcófago. Se han hallado perros cuidadosamente momificados y acurrucados a los pies de sus amos. Es posible que en vida la mascota durmiera a los pies de su amo, por lo que el propietario decidió permanecer así hasta después de su muerte.
  8. Desde que nacían, iban ahorrando y guardando parte de los bienes que tenían para pagarse una buena tumba, una buena momificación. Y si podían permitírselo, una copia lo más extensa posible del “libro de los muertos” donde aparecían una serie de conjuros mágicos que engañaban a los dioses para que les permitieran el paso.
  9. El Libro de los muertos fue una obra fundamental de la cultura del antiguo Egipto. Era un texto muy extenso: algunos ejemplares conservados en rollos de papiro alcanzan cuarenta metros. También era un producto caro, por el que se podía pagar un deben de plata, la mitad de la paga anual de un campesino. Pero, para los egipcios, el valor de este texto era incalculable, ya que sus fórmulas permitían a los difuntos alcanzar el Más Allá.
  10. Por último, a los antiguos egipcios le debemos la confección de un calendario de 365 días que subsiste hasta ahora. Sólo modificado en dos ocasiones; en el siglo I a.C. cuando se elaboró el Calendario Juliano y en 1582 cuando se estableció el Calendario Gregoriano (Gregorio XIII).