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El 15 de septiembre supe que mi viaje a Colombia iba a durar 65 días. Hoy es el dia 64 y tuve un nudo en la garganta desde que me levanté. Tuve mi primer intercambio hace 9 meses y nunca creí que el sentimiento que ese último día de intercambio me había invadido volvería a apoderarse de mi.

Hoy hace 64 días vivo en Colombia y sé que solo me queda uno. Se me ponen los ojos llorosos de solo pensar que ya pasaron casi 9 semanas. Y fueron esas 9 semanas increíbles que se apoderaron otra vez de mi corazón.

Hace 64 días llegué a Bogotá, repleta de presión y de miedos una vez más, llegué ansiosa por la experiencia que me aguardaba al otro lado del avión. Nunca creí que iba a adquirir otra nacionalidad, mi corazón hoy es argentino, brasilero y además colombiano. Y si resulta que amo Colombia como amo a mi país.

Si no sabes a donde ir, la respuesta es Colombia

Colombia no me regaló solo bachata, vallenato, reggaeton, playa, paisajes y rumba. Colombia me regaló el amor de su gente y aprendí que eso es lo más valioso que este país tiene. Colombia me enseñó a admirar una nación con muchas cualidades pero por sobre todo con FORTALEZA.

Este país me mostró que habiendo sufrido por la guerrilla y por el narcotráfico y siendo conocidos bajo los ojos de la ignorancia como el “lugar de las drogas” eran muchísimo más que eso. Su gente me mostró que habiéndose caído y habiéndose levantado, cada día son una nación feliz y orgullosos de su patria.

Hoy me levanté en mi casa colombiana, salí a la vereda, me tomé el transporte público y llegué a la oficina, donde trabajo hace 64 días. Mientras miraba por la ventana esa ciudad gigante que al principio era un monstruo para mí, llegó Lucerito a pedirme que baje a otra oficina. Con mi compañera Mariale bajamos las escaleras y entramos a un lugar donde la bandera de Colombia decoraba el ambiente y un cartel gigante decía “LAS QUEREMOS”.

Historias de liderazgo.

Esas más de 30 personas que me recibieron hace 9 semanas estaban ahí esperándonos para despedirnos. Nati nos dijo, “Nos demostraron que ustedes también son colombianas”. En ese momento el corazón me estalló, porque durante mis dos intercambios aprendí que el amor es infinito y que si uno da, recibe el triple.

Nos abrazamos y mientras sostenía la bandera de mi nueva nacionalidad me di cuenta que ya no soy solo Argentina. Me di cuenta que soy ciudadana del mundo y que cada país que me regale el calor de su gente por sobre los paisajes que pueda ver, será mi país también.

Nunca olviden que Colombia y cada país de este mundo es mucho más que su estereotipo. Y que esos estereotipos fueron formas reduccionistas que encontramos los humanos para encasillar personas.

Nunca olviden que Colombia tiene vida, alegría, amor y por sobre todo tiene fortaleza. Nunca olviden que cuando no sepas a donde ir, la respuesta es Colombia.

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