AIESEC Argentina
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El viaje que me hizo líder

¿AIESEC, intercambio, voluntariado? Ahí estaba yo comiendo y viendo un volante de la ONG, decidí tomar un papelito de la pared. Esa noche me inscribí y me contactaron. “Podés viajar a México y tener una aventura enriquecedora en otro país”. Yo quería hacer algo diferente ese verano, de ahí mi convicción, tenía que hacer trámites y los hice. Se pasó el tiempo rápido y cuando me di cuenta estaba haciendo fila para mi primer viaje aéreo a un país que siempre me llamó la atención. Me iba a México, en una ciudad desconocida para mí, Ciudad Juárez.

Apenas bajé del avión en Ciudad de México ya tenía que subirme al avión de Ciudad Juárez, la adrenalina al 100%  y la ansiedad ni te cuento. Llegué al aeropuerto de Ciudad Juárez y ahí vi un gran cartel “AIESEC”, lo sostenían 10 personas y mi familia mexicana esperándome. Yo estaba ENCANTADO, me llevaron a mi host y de ahí descansé.

Me iba a México, en una ciudad desconocida para mí, Ciudad Juárez.

En la primer cena empezó mi choque cultural. Sus palabras tienen diferentes sentidos y obviamente el acento se me hacía especial. La comida “no pica” me decían, el agua era mi mejor amiga. La gente siempre solidaria me hacía sentir uno de ellos, era bueno saber que estaba eliminando prejuicios malos de los argentinos.

Con respecto al proyecto fue muy desafiante, yo hacia talleres educativos a niños de una escuelita carente de recursos. Enseñé inglés, valores, a leer, matemáticas, tradiciones argentinas, etc; pero por sobre todo me convertí en líder. Las semanas fueron pasando, al principio tenía ganas de volver. Con el tiempo fui conociendo gente y cada vez me daban más ganas de quedarme: la dinámica, lo diferente, las posibilidades que tenía en el lugar me volaban la cabeza. Ver el crecimiento interno que producía mi intercambio, era una combinación extraordinaria, me sentía más que vivo. Llegué a los últimos días, contando los segundos que me quedaban de proyecto porque lo quería aprovechar todo lo posible.

Mi viaje en Ciudad Juarez

El último día fue muy triste y muy loco. Nunca en mi vida me hubiera imaginado despedirme de una brasileña (compañera de proyecto) en un aeropuerto de México mientras caía aguanieve. Ese último día lloré, me preocupe, agradecí y extrañe, pero ante todo fui muy auténtico, era yo al 100%.

Llegue a Argentina, mi familia me fue a buscar y me notaron que era otra persona. Tenía la mente abierta, con sueños en el futuro y con acento mexicano.

Pero ante todo me había convertido en uno de los 1000 líderes por mundo.

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