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En una Universidad hay un promedio de 30 carreras (O más). Cada carrera dura, en líneas generales, cinco años. Por año cursamos 6 o 7 materias. ¿Cómo sé si elegí la carrera correcta?    

“Empecé a estudiar Administración de Empresas, al tercer año ya sabía que la carrera  no me gustaba pero la presión de mi entorno hizo que la decisión de dejarla me costara un año más”

                                                                                                                                                                            Diego Lanesán.     Antes de inscribirme a la Licenciatura de Psicología, había el leído el programa de Ciencias Veterinarias, de Zoología, de Medicina, de Diseño Gráfico y Diseño Industrial, de Ciencias de la Educación, Marketing, Historia, Derecho, Ecología y ProgramaciónQuería aprender a curar a los animales, aspiraba con lograr que el mundo fuese sustentable, quería investigar sobre neurología, saber diseñar instrumentos que puedan solucionar los problemas que existen hoy y soñaba con transformar la educación. Buscaba aprender de la historia y lograr que los derechos universales sean garantizados realmente para todos. Y como si fuera poco, me desbordaban las ganas de conocer el mundo.

¿Existe una carrera que me enseñe todo eso?   

Machu Picchu  

 La respuesta es . En mi caso no me lo enseñó nadie ni lo leí en ningún libro. Hace unos meses tuve, por segunda vez en mi vida, la increíble oportunidad de vivir la experiencia de un voluntariado global, esta vez en Lima, Perú. 

 “Así empieza mi experiencia. El 16 de Febrero a las 10 de la mañana estaba aterrizando en Lima para dar comienzo al proyecto que representaría el aprendizaje más grande de toda mi vida. Dos horas de viaje desde la casa en donde estoy viviendo; nuestro equipo de voluntarios (Nino y Vana de Croacia; Martika de Alemania, Diego de México y Greta de Río Negro) ya está completo. Son las 8:45 y los candados de Maranguita se abren. Maranguita es el centro de rehabilitación juvenil más grande de todo Perú, en donde se encuentran alojados mil chicos de entre 14 y 23 años que están ahí por haber cometido diferentes  tipos de delitos. En ese momento un mar de sensaciones me inundan el cuerpo, no sé qué me espera, ¿Los chicos nos escucharán, nos hablarán? La inseguridad me invade pero ahí ya no hay vuelta atrás. Entramos al patio y el candado se cierra. Los chicos están sentados haciendo manualidades en dos mesas largas que ocupan el salón de punta a punta: Son aproximadamente 70, todos con su buzo bordó, su pelo cortado, sus medias y sus chancletas. En coro y dirigidos por el educador, nos dan los buenos días. Ahora es nuestro turno, tenemos que presentar el taller que vamos a estar haciendo durante 6 semanas: ¡Alza tu voz!”.

 

Iban a ser seis semanas pero terminaron siendo cuatro meses.

¿Qué aprendí?

No quiero sonar cliché así que voy a ponerlo con tres ejemplos:
  1. Empecé dando talleres de liderazgo en un Centro Juvenil para varones y terminé trabajando (Además) en un Centro Juvenil para mujeres participando en talleres de Dibujo Artístico, Teatro, Danzas, Periodismo y Ética y Ciudadanía. Hice acompañamiento individual para algunos de los chicos y tuve la oportunidad de exponer en una clase de Derecho de la Universidad Católica de Lima  sobre el trabajo que estaba haciendo.
  2. Llegué confiada porque no iba a tener la necesidad de hablar otro idioma y comprendernos sería simple. Mi equipo estaba formado por voluntarios extranjeros que no hablaban castellano y yo tenía que traducirles (¡Con mi inglés básico de secundaria!) y a su vez lograr entendernos entre mis argentinidades y la jerga peruana con sus “ Alucina, ¡Qué palta!, ¡Asu madre!, causa, bacán, manyas” entre muchas más.
  3. Fui con la idea de conocer Lima, me perdí una y mil veces en mi afán de recorrer hasta el último lugar, participé en una ceremonia de Cacao en Písac y en un círculo de Rapé en Cusco. Subí a Machu Picchu y a la montaña de Siete Colores. Vi el atardecer en las dunas de Ica, conocí la historia tan impactante del Perú en Ayacucho, acampé e hice rafting en Lunahuaná y me sumergí en la cultura peruana en la casa de Rodri en Arequipa, una persona muy especial que había conocido hace tres años en mi ciudad. Aprendí que una cosa es conocer el mundo y otra muy distinta es vivirlo.

Fui para dar talleres de liderazgo y cuatro meses después en mi mochila cargaba una familia internacional, decenas de cartas y regalos de los chicos, historias, anécdotas, promesas de reencuentro que se que se van a cumplir y el inevitable ¨Yaaaa pueees¨ en cada oración.  

Martika, Nino, Vana y yo en La montaña de Siete Colores      

Elegir con propósito

Gracias a mi experiencia en Perú descubrí qué es lo que me apasiona hacer y hoy, dos meses después de volver, tengo la oportunidad de ser tallerista en un Instituto de Menores en mi ciudad, facilitar espacios de recreación en un barrio de La Plata y  al mismo tiempo formar parte de un proyecto que diseña experiencias de aprendizaje. Sigo estudiando Psicología pero con un significado detrás. Se que me está dando herramientas que me permitirán ayudar más y mejor, y mantengo el propósito de transformar la educación en mi país más latente que nunca.

Sin embargo, la carrera de la que te hablo va mucho más allá de cualquier Licenciatura y está al alcance de todas las personas, tan solo hay que tener el coraje de cursarla. No es gratis, no te voy a mentir. Se paga con esfuerzo, vocación y se necesita de mucha valentía. Esta carrera es la carrera de la vida. No se puede desaprobar pero si querés promocionarla tenés la responsabilidad de llevar adelante las experiencias que querés vivir, el derecho a elegir lo que te gusta y lo que no y, por sobre todas las cosas, el derecho a equivocarte, frenar y volver a arrancar.

Un título te abre las puertas para trabajar en un promedio de 10 incumbencias distintas, pero te las cierra para todas las demás si no te das cuenta de esto a tiempo. No te digo que no estudies, estudiá, elegí una profesión que te guste, que te apasione, pero no dejes que eso limite tu potencial. Recordá que la carrera es un medio y no un fin. Es necesario que vivas todas las experiencias que querés para diseñar cuál es ese futuro que aspirás alcanzar. Que no te engañen, estudiar no tiene por qué ser a contra reloj. Hacé todos los cursos que te interesen, probá nuevas cosas, experimentá todo eso que te haga sentir vivo y no permitas que el sistema te lleve a tomar decisiones que no sean por vos mismo. Regalate la posibilidad de vivir una experiencia que contenga en realidad 1000 experiencias.

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