AIESEC Argentina
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Así como en los cuentos de fantasía, o uno que acaso podría considerarse ciencia ficción, donde una persona común y corriente, con una vida que peca de monótona, que no sale de la cotidianidad en la que está cautiva, pero deseando desde lo más profundo de su alma tener la posibilidad de hacer consigo misma de alguien que valga la pena admirar, sentirse un héroe.

Héroe con capa

No vengo a contarles la historia de nadie en particular, y quizás más de uno pueda sentirse identificado con lo que tengo para decirles.

Leyendas que nos recitaban cuando éramos niños, y no tanto, relatos que manifestaban que un superhéroe se convierte de la noche a la mañana. Vengo a refutar en este caso esa idea, a derribar la estigmatización de esa palabra.

En el momento de realizar un intercambio como voluntario, muchos se auto engañan, creyendo que van a convertirse en un emblema, en un valiente que sin capa ni espada se dirige a un lejano pueblo a cambiar el mundo. Es cierto que algo va a cambiar en el momento que decidas emprender ese viaje, pero más que el planeta, el que va a recibir toda esa bendición vas a ser vos.

Cuando estés a varios kilómetros de distancia de tu país, siendo recibido por gente expectante por tu llegada, con sus brazos tan abiertos y esos ojos llenos de ilusión. Dándote la bienvenida aquellas personas que estuvieron esperando porque te aparezcas, y les tiendas una mano.

Mundo grande

Comprenderás que ellos son los verdaderos héroes, quienes se levantan todos los días de su vida para cambiar el estado actual de las cosas, para hacer de este mundo un lugar mejor.

Podés ser parte, de eso se trata, de querer dar, sabiendo que estás contribuyendo a construir una realidad distinta donde sea que vayas. Pero teniendo la humildad de aceptar que, a pesar de estar enfocado en ayudar a los demás, son ellos quienes te ayudan a vos.

Un viaje de voluntariado no te convierte en héroe, aunque sí en un soñador, un idealista que va a un lugar a entregar solamente un pedacito, cuando el mundo es inmenso.

Y lo que resulta de esa travesía es una persona, que a simple vista parece volver igual que como partió, aunque no es la misma, en su interior está marcada por el inmenso afán de seguir haciendo buenas obras.

Ayudando

Con este artículo busco honrar a esas personas, que luego de haber vivido una experiencia de intercambio de voluntariado, regresan con ganas de seguir aportando al universo, o al menos irradiando alegría, aunque sea por efímeros momentos que buscan hacerse eternos, a las personas más cercanas a uno.

Desde que me uní a AIESEC, me interesé por conocer los motivos que llevaron al resto a formar parte de la organización, y ahora puedo decir que no me parece coincidencia que varios me hayan confesado que fue por esto mismo que les comento.

Muchas manos

Así que a vos te digo, un intercambio no es una poción mágica que te otorga súper poderes, no es posible cambiar el mundo de un día para el otro. Pero puedo asegurarte que es el comienzo de algo extraordinario, y que depende de vos continuar o no por ese camino. Porque el que quiere ayudar, tiene mil maneras de hacerlo.

¿Querés formar parte de esta escuela de superhéroes? #DescubríLaExperiencia

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