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Hace unos días conocí a un hombre maravillosamente único. Franco, valiente como ningún otro. Que no te desconcierte su sentido del humor, a él los desafíos deberían temerle. Me contó su historia y tenía que compartirla con ustedes. Ese mendocino que se comió el mundo, pero literal. Los dejo un ratito con sus palabras y no olviden revisar las montones de anécdotas de personas como él, que se animaron a todo.

Mi llegada.

23hs de un 16 de diciembre, me encontraba desembarcando. Cansado, sudando, lleno de nervios. Ansioso como nunca antes. Fue ahí cuando me di cuenta que mi nuevo yo estaba naciendo. En un lapso de pocos segundos, reflexioné y reconocí el logro de que, casi sin pensarlo, había cruzado todo el continente a lo largo. Había llegado al final del inicio de mi nuevo yo, estaba en México.

Sí, yo Franco Costa, el joven de 22 años que nunca en su vida había viajado en avión. Solo, sin un acompañante. De repente tuve que enfrentarme con el miedo de hacerlo por mi cuenta. Llegar hasta otro país, tomando no uno, sino tres vuelos simultáneos con la presión de hacerlo con la mayor efectividad posible sin perder tiempo entre terminales, trámites y aeropuertos, así como si mi vida hubiese estado basada en volar.

Luego de haber hecho una sencilla retrospectiva, en ese lapso de segundos parado en el aeropuerto de Culiacán, Sinaloa, Mexico. Tras mirarme en el presente, donde estaba parado, pude comprobar que los miedos son sólo barreras mentales creadas por nosotros mismos, esperando allí ser apuñaladas por nuestro valor y valentía.

Cruzando esa puerta, una persona me esperaba con un saludo y un cálido abrazo. Mientras flameaba una bandera verde, blanca y roja me decía: “Franco, ¿eres tú? Bienvenido a Culiacán yo soy Alicia”. Imagínense yo, no entendía nada, dónde estaba, hacia dónde iba y quién era la simpática chica que me hablaba en un gracioso acento.
Sin tiempo que perder subí a su auto con mis maletas y ella comenzó a llevarme vaya a saber donde. “Franco te tengo una sorpresa, aguanta tu cansancio porque ahora te voy a llevar a una fiesta”. Entregado a lo que me depare el destino dije que no tenía ningún problema en ir. Llegando al lugar, crucé una puerta encontrándome con una increíble bienvenida, todos extranjeros de distintos países bailando y saludándome. ¿Cómo olvidarme de Marco y la oficina local de Culiacán, todos saludándome y dándome la bienvenida?

Mi familia.

Fue la primer noche previa al inicio de mi proyecto como Emprendedor Global. Donde compartí un montón de anécdotas y “palabras raras” con los demás extranjeros y también conocí a mi hermano mexicano Temo. Pasaron pocos minutos en que ya nos habíamos hecho amigos, como si nos conociéramos de toda la vida. Finalizada la fiesta fui a casa de Temo, exhausto con mis valijas.
Mis nervios se volvieron a despertar, tenía que conocer a su familia. La cual me iba a dar un techo y un plato de comida durante mi estadía. Debo decir y recalcar que no sólo obtuve lo acordado en mi contrato. Recibí amor, contención y me hicieron sentir uno de ellos. Hoy puedo decir que formo parte de familia mexicana, un pedacito mío sigue en esa ciudad al otro lado del continente.

Mi trabajo y el líder que estaba dentro de mi.

Llegó la hora de ser presentado en mi Start Up, de nuevo mis nervios a flor de piel. Nunca había tenido una entrevista como una persona adulta. Dependía solo de mí para desenvolverme oralmente y convencerlo de que yo era el indicado para ayudarlo. Debiendo darle argumentaciones sostenibles a mis futuras acciones.
No sólo me desarrollé como profesional practicante sino que tuve que tomar el mando de algo que aun no existía. Debía abrir el área de diseño gráfico, comunicación y publicidad de una empresa en un rubro del cual yo desconocía. Sí, yo Franco Costa, joven de 22 años que nunca en su vida había viajado en avión, desarrollé mi liderazgo. Y aporte mi grano de arena en una Start Up. La cual me dio muchísima experiencia y confianza en mi mismo.
Formé parte, asumí responsabilidades y me animé a crear algo desde mi conocimiento, que en ese momento era casi nulo. Encontrándome con cualidades que fui descubriendo y desarrollando en mí a lo largo de mi proyecto: Autoconocimiento, orientarme a soluciones, empoderar a otros y ser ciudadano del mundo para llegar a mi recién descubierto camino al liderazgo.

Seguís vos.

Esta pequeña redacción que hago, no solo es para compartirles mi experiencia, esa de un chico más de Mendoza. Sino para pedirles que se animen a enfrentar miedos, que busquen desarrollarse tanto como personas y como profesionales. ANÍMENSE a darle un cambio totalmente radical a sus vidas , anímense a cambiar al mundo. Porque somos los indicados y este es el tiempo correcto para hacerlo.
YO Franco Costa , joven de 23 años, chico que viajó desde Mendoza, Argentina a México. Solo, acompañado de mis miedos y nervios. Hoy finalizada mi experiencia puedo decirles que no sólo se corran a enfrentar sus miedos sino que salgan a buscarlos y destruirlos. No esperen a ser limitados por ellos, vayan tras ellos. Salgan. La zona de confort nos gusta pero es temporal. Luego se torna tóxica y no hay nada mas lindo que descubrir que mientras más rápido sales de ella, más fácil se hace hacerlo repetidas veces. Pueden asustarse de lo que son capaces de hacer. ¿Tienen miedo? Espero que sí, vayan y llévense esa pared por delante. No se van a arrepentir.

Franco Costa. Un hombre valiente.

No queda nada más que decir, estás a solo un click de distancia de crear tu propia historia y romperla como lo hizo Franco.

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