AIESEC Argentina
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La primera vez que me ofrecieron alojar a un voluntario en mi casa por un mes y medio a cambio de nada no estuve muy segura. Sería un extraño en casa, que tal vez ni si quiera hablaría el mismo idioma. En estas lineas voy a presentarles a mis 7 hermanos de distintos padres, diferentes hablas y otras nacionalidades. A 6 hospedé y una fue mi clon, guía turística, confidente, psicóloga y ángel de la guarda.

Con mi amigo cometimos un error, gravísimo. Nos equivocamos al momento de comprar los pasajes del colectivo e hicimos en 12 horas un trayecto de 7. Entre los nervios por toda esa experiencia que se avecinaba me escribía con Caro, a quien alojé meses atrás. Sus palabras quedaron en mi mente… Vas a tener un host tan bueno como vos lo has sido. No podía equivocarse.

Mi host.

Lana si lees esto quiero que sepas que aquí te estoy esperando y es una oferta sin fecha de vencimiento.

Como ya les conté llegué muy asustada. Pero conocí no se si a una hermana, pero a un clon seguro. Primera noche, ¿Vamos a un bar? Me acerqué al pasillo para preguntar si me encontraba vestida acorde al lugar. No me van a creer, usábamos el mismo vestido. No pude contener las risas, ya nacía una hermosa amistad.

Compramos antifaces para carnaval, ¡Si! también eran iguales. Comencé a preocuparme cuando notamos que ambas vivíamos en el departamento 203, pero de distintas ciudades y hasta países.

El idioma nunca fue un impedimento para nuestras conversaciones de horas y horas. Su cometido principal fue que no me quedase sin conocer nada, pero nada de una cultura realmente impresionante. “Hoy comida de minas y mañana desayunaremos como si viviésemos en el nordeste”

Caro tenía razón, demasiada. Todos los domingos caminábamos con su madre por el lago, y hasta descubrimos una nueva entrada. Praderas verdes, agua cristalina y tierra roja.

Llevo días sin verla, más cuento las horas para nuestro reencuentro.

La esencia era la misma.

Mis hermanos de distintas nacionalidades.

Hospedé a 6 personas en mi departamento, en el que convivo con mi hermano menor. Y todos y cada uno me dejaron recuerdos que no puedo ni quiero olvidar.

Dominique, Ecuador.

No estaba segura de hospedar. Acababa de comenzar mi trabajo en AIESEC y estaba negada, pero totalmente. Fue hermoso conocerla, abrió una puerta para que cada una de las personas que llegó cambiara mi vida. Me llenó de recuerdos y obviamente una de las mejores experiencias que esta ONG ha podido darme. ¡Gracias chiquita!

Caro, Ecuador.

Todavía tenemos contacto, hablamos de chicos, sueños y por supuesto de nuestro futuro reencuentro. De wawas en halloween acompañados de esa bebida extraña de la que me envía fotografías.

Nunca voy a olvidar todas esas charlas de pijama party pero post despertar. El frío mataba, como todo invierno en mi hermosa Mendoza y cubiertas completas en frazadas se pasaban las horas.

Mi hija, sigo sin comprender como permití que me llamara así. Me convertí en mama luu para un grupo entero. Extraño sus abrazos, su voz, su risa. Y como por si fuera poco nuestros intentos de hablar portugués.

Riamos, que nadie note que lloramos.

Gabriel, Mina Gerais.

Como si la música no fuese lo suficientemente internacional o la mejor forma de unir personas tomó una de las tantas guitarras que se pueden encontrar en mi departamento de adictos al sonido armónico (y no tanto). Se enamoró del rock nacional. Tocó nuestros temas. Y voy a confesar que he encontrado sus comentarios en youtube pidiendo acordes. Perdón gordo, no van a contestar, nadie lo hace.

Esas películas en las que siempre uno de los dos caía dormido. Nunca fue tan difícil el encontrar que ver, ¿Tu idioma o el mio?

Llore con su partida. Así como con Caro, una parte de mi corazón se estaba yendo. Esa frase en la terraza, con montañas y estrellas de fondo e intentando matar las “saudades” que se avecinaban con vino. “Nunca pensé que dos personas podían volverse tan cercanas en tan poco tiempo”.

Gabriel, Samuel, Virginia y yo.

Fehmy, Belgica

De el debería de escribir mi hermano, voy a confesar que no pensé que podía llorar en una despedida. Quiso ser fuerte, lo más que pudo. Cerro la puerta y su corazón se partió.

Eran como niños, corriendo, haciendo chistes. Por las noches se potenciaban con la presencia de Nicholas o los amigos de esa persona con la que comparto genes. Podríamos describir su estadía sólo usando la palabra T.E.G. y l` résistance.

Pasan los meses y lo sigue recordando. Tremenda sorpresa saber que en unos días lo tendremos con nosotros una vez más.

En su bienvenida.

Paulo de Sao Paulo.

¡Se acercaba mi viaje a Brasil y no pude haber tenido la mejor compañía. Calmó todos mis miedos, mis dudas, mis terrores.

Creo que no hace falta ni mencionar que se enamoró de mi mejor amiga. ¡Y si! Fue correspondido. Las miradas de ambos se iluminaban de manera especial.

Demasiada caçasa, enorme cantidad de historias.

Recorriendo viñedos

Isabella, Espiritu Santo.

La recién llegada. Creo que en realidad no quiero hablar de ella, tengo miedo de que se acerque su partida. Y mucho más de que las risas de hoy en subway pasen a ser un recuerdo.

Pero… ¿Que es para mi ser familia global?

Cada persona que llega a mi hogar es una promesa. Es gritarle a los 4 vientos que no hay manera de que no nos volvamos a ver. Es firmar un contrato con el previo conocimiento de que me va a doler su partida, fecha que ruego que nunca llegue. Así como es saber que mi corazón va a partirse una vez más para irse con el o ella. Sólo puedo pedirte a vos que estas leyendo estas palabras que te animes, porque aunque me duela en el alma ese día no deja de ser la mejor experiencia que puedes tener.

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