AIESEC Argentina
Inscribite acá

A lo largo de la historia mundial la mujer ha realizado una lucha constante. Una pelea incesante por demostrar su valor. Que es igual al de otros, sin distinción de raza, sexo, religión o ideología. Hace 24 años nací feminista, porque quiero esa igualdad más que a nada. Que parece alcanzada pero seguimos encontrando ámbitos en los que es sólo un mito.

Prejuicios actuales

Empecé a notar que algo estaba mal cuando escogí mi sueño, ser cirujana. Se lo comenté a mi padre y tuvimos nuestra primera discusión. “No podes ser cirujana porque sos mujer” y esa frase resonó en mi cabeza. Y por todos los años de mi carrera me fue intentando convencer, de psiquiatría, medicina interna, de familia, neonatología y hasta de terapia intensiva.

Estaba con mi compañera en la cola del supermercado, ya habíamos ingresado a la universidad. Como niños con juguete nuevo estábamos comentándonos nuestros sueños mientras buscábamos el sustento para el día de estudio. Papitas, gaseosa y quizas algo para el almuerzo. Fran la anestesióloga y Luu la cirujana compartiendo quirófano al ritmo del rock con cloroformo. De un momento a otro un hombre parado delante nuestro se voltea. “¿Chicas no deberían ser pediatras o dermatólogas? La urgencia no es para la mujer, van a terminar divorciadas y solas, se los digo yo que trabajo ahí”.

Acompañé a mi madre a realizarse plasma rico en plaquetas, una intervención muy común en estética. Su especialista prendió otra alarma en mi cabeza “Fui jefe de residentes, tuve a dos mujeres a mi cargo. Definitivamente las mejores, su pulso y precisión de corte además de su dedicación resaltaban sobre cualquiera. Les costó mucho ganar el respeto de sus colegas y aún con esas manos mágicas no lograron salir de la provincia.”

Mi compañero y colega en el colectivo post día de cursado. “Yo no se porque, pero si tengo que escoger con quien trabajar en un quirófano, me quedo con el hombre. Por más que tengan el mismo CV. Por eso le dije a mi novia que se cambie de especialidad, no va a llegar a nada.”

2017 concurrí al congreso internacional de cirugía bariátrica en Mendoza. 7 salas llenas de especialistas en salud, yo sentada en la de mi interés junto a 100 personas. Me sobraba mi mano para contar a las mujeres presentes. Más alarmas.

Prejuicios históricos en Argentina

Comencé a preguntarme que pasaba y empecé mi investigación personal. No podía entender como el género podía afectar en el desempeño de una profesión. Y encontré a grandes mujeres que se fueron abriendo camino.

La primer escuela de medicina del país nació en 1822. Tuvieron que pasar 61 años para que la primera mujer pudiese ingresar en 1883. Cecilia Grierson se graduó 6 años más tarde pese a haber sufrido las descalificaciones de sus profesores y compañeros de estudio. Apenas se recibió se incorporó al Hospital San Roque donde se dedicó a ser ginecóloga y obstetra pero no cirujana. Especialidad que le fue negada por su condición de mujer, a pesar de tener el título habilitante para ejercer esa especialidad, fue la primera mujer que lo obtuvo. Hoy se nos hace imposible pensar que ser mujer es un condicionante. Pero claro, una fémina casada tenia los mismos derechos que un niño.

Cecilia Grierson.

Con capacidad para pensar pero sin derecho de votar, tuvo la fuerza de impulsar el movimiento. Pero lo que más le dolió fue que su “condición” la descalificaba para trabajar en educación.

“Intenté inútilmente ingresar al Profesorado de la Facultad en la Sección en la que podía enseñar […]” No era posible que a la mujer que tuvo la audacia de obtener en nuestro país el título de médica cirujana, se le ofreciera alguna vez la oportunidad de ser jefa de sala, directora de algún hospital o se le diera algún puesto de médica escolar, o se le permitiera ser profesora de la Universidad. Fue únicamente a causa de mi condición de mujer (según refirieron oyentes de los miembros de la mesa examinadora) que el jurado dio en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí ni a mi competidor, un distinguido colega.

Rompiendo el esquema, soñando alto

Sigue siendo increíble la limitación que se impuso, pero podemos encontrar millones de ejemplos en la medicina y ciencia mundial. Mi frustración recae en que esto continúe hasta el día de hoy. Y es aumentada por cada persona que tiene la audacia de traer el genero a colación.

Hoy la mujer puede estudiar y puede ejercer esa profesión que amo. Más se la sigue limitando. Tras más de 118 años de la lucha de Grierson no podemos encontrar a ninguna reconocida. Y mutó mi sueño. Quiero ser la primera, para abrir esa puerta a todas las siguientes generaciones.

 

 

PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com