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Esta es una nota diferente, ya que busca poner en palabras un tema que nos involucra a todos y que, como argentinos, sentimos tan latente en estos momentos. No podemos ser ajenos a la crisis educacional que estamos viviendo, y mientras escribo “crisis” no puedo evitar sentir el sabor amargo que me genera, propio del saber que esta es una palabra que se reproduce una y otra vez en nuestro marco histórico nacional. 

Para reflejar una pequeña perspectiva de cómo se reproduce esta cadena de falta de acceso a la educación en nuestro país, voy a contar una situación que presencié hace poquito en un barrio de Berisso al que visito todas las semanas, donde la mayoría de los chicos que asisten tienen entre cinco y trece años, y muchos de ellos no saben leer ni escribir. 

Era sábado y habían venido muchos chicos, más de cuarenta seguro. Nosotros éramos tres y teníamos que ingeniárnosla para hacer actividades con ellos sin que la diferencia de edad fuese un problema. Yo empecé a acomodar los libros de la biblioteca viajera que estamos haciendo y Tomi me quiso ayudar. Tomi tiene seis años y cada sábado se acerca a compartir la tarde con nosotros. Mientras acomodábamos los libros le pregunté si quería llevarse uno para leer en su casa y después lo traía. Mientras se lo decía, una sonrisa enorme se le dibujó en la cara. -¡SÍ! Me dijo, pero enseguida se retractó “No, no puedo. No se leer”. Le expliqué que podía enseñarle, que podíamos leer el cuento que él quisiera juntos. Se eligió un libro de una colección de animales de la selva y comenzamos a leer. Como el libro era muy largo, me preguntó si podía llevárselo a la casa, a lo que le respondí encantada que sí. Tomi estaba feliz. Llegó la hora de despedirnos y él se fue, muy contento con su libro y con la promesa de traerlo el próximo sábado. Justo unos minutos antes de irnos, una mujer se acercó con el mismo libro que yo le había prestado a Tomi en la mano y me lo devolvió diciendo que no le diera libros a él porque no sabía leer. Intenté explicarle que esa era una buena forma de empezar a incentivarlo pero no logré que lo entendiera. Después de eso, no pude dejar de imaginarme su carita mientras su mamá le sacaba el libro de sus manos. Al sábado siguiente, Tomi no quiso siquiera mirar los libros.    

Si esta realidad te molesta, estás en el camino correcto. Que te incomode es el primer paso, el segundo es accionar.

                                                            

 

Nuestro escenario crítico se reproduce, para muchos, de una forma similar a la que ya hemos vivido con anterioridad, pero nosotros no nos reproducimos de la misma forma. Hoy no somos los mismos que éramos ayer, ni la junventud es la misma que la que era hace 20 años. Tampoco sabemos cuántas generaciones de jóvenes vendrán después de nosotros. Frente a este panorama, ¿Seguiremos esperando por las decisiones de alguien más? 

¿Qué sucedería si frente a cada situación que me moleste me preguntara: ¿Y qué puedo hacer yo?

Yo joven, yo estudiante, yo argentina y sobre todo, yo parte del mundo.

No quiero sumar una queja más al montón de las que ya existen, quiero hacer algo y frente a esta necesidad identifico tres acciones que quiero compartir:

  1. Informarme
  2. Involucrarme
  3. Inspirar

1. Informate

La desinformación es grave, la falsa información es aún peor. No te quedes con lo que te dice un medio, salí a la calle, hablá y debatí con la gente, leé, recopilá información y analizá los datos. Formá tu propia opinión. No repitas un discurso ya formado que si alguien lo cuestionara no sabrías fundamentar.

 

2. Involucrate

Pensar que el problema de la educación en el país se solucionará simplemente con más presupuesto es algo ingenuo. Ayer definíamos como una problemática central la falta de acceso a la educación de los sectores más vulnerables, hoy vemos tambalear la educación pública y en el futuro admitiremos que el escenario y la propuesta pedagógica del proceso de enseñanza-aprendizaje necesita transformarse. Sin embargo, nada de esto podría solucionarse, ya que nos enfrentaríamos a una acumulación de problemáticas aguardando una solución. Autores como María Acaso postulan que es necesario dar una revolución en la educación. En el 2015, la ONU estableció 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible a alcanzar en el 2030 gracias al acuerdo de 193 países, entre ellos Argentina. El objetivo N°4 es el de Educación de Calidad, considerando que esta debe ser accesible para todas las personas en cualquier parte del mundo, Si queremos que esto ocurra es preciso que todos nos involucremos desde el lugar que ocupamos. Quizás estudies Psicología, Educación Física, Medicina, Diseño Gráfico o cualquier otra carrera. O quizás no estés estudiando nada.Sea cual sea tu formación siempre hay formas de involucrarse.

Pintamos el Planeta Tierra en la entrada de mi ONG en Brasil, en representación de que estamos todos unidos, sin importar de qué país seamos.

 

Si querés conocer más sobre el Objetivo de Educación de Calidad hacé click acá.

 

3. Inspirá

Diría que es casi obligatorio que lo hagas. Contagiá a tus amigos, a tu familia. Incentivalos a hacer, a no quedarse de brazos cruzados. Compartí tus aprendizajes y se un ejemplo de que con acción y convicción sí se puede cambiar la realidad en la que vivimos. Inspirá dando el ejemplo para que tus acciones hablen por vos.

Maestra con niños

Abrazos que valen más que mil palabras.

 

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