En agosto del año pasado, unos meses luego de volver de Costa Rica como voluntaria, me robaron mi teléfono y mi computadora. Yo vivo en Buenos Aires, muchos dirían, el precio que hay que pagar por estar metido en la ciudad. A corto tiempo en otras palabras, se llevaron algo que el dinero no puede comprar: muchos recuerdos y momentos de felicidad grabados en la foto de mi voluntariado en Costa Rica.

Otra foto de mi voluntariado

El primer ingeniero que conocimos del Ministerio de Agricultura y Ganadería, ellos daban soporte junto al Instituto Nacional de Mujeres al emprendimiento Plantisan. En la foto se lo ve a él, a Angel de México y a mí. Nos estaba enseñando como se hacía un fertilizante de NPK para que, luego de tres semanas, pudiéramos aplicarlo a los cultivos del vivero.

¿Vieron últimamente ese video que anda rondando por los feeds sobre los voluntarios que viajan “solo por la foto”? Ese vídeo también apareció en mi inicio. Me quedé pensando muchos días en cómo me había hecho sentir, basta con entrar a un perfil de mis redes para que sepas que yo viví una experiencia como voluntaria en otro país.

Y esa reflexión no pasó por “la opinión del otro”, sino que tocó una fibra sensible cuando conecté cables: las fotos de mi voluntariado en mis redes sociales hoy son todo lo que me queda para que algunas imágenes que recuerdo se mantengan intactas.

No me malinterpreten, me considero una persona racional y con sentido del humor, me causa la misma gracia y el mismo disgusto que a cualquiera cuentas falsas como Barbie Saviour. Pero sí me dolió pensar en que haya jóvenes que dedican tiempo, dinero y esfuerzo en hacer algo fuera de la norma, como ir a un país extranjero, solos, con la idea de que uno puede ser parte de la solución también y no sólo del problema; y se sintieran inhibidos de compartir con todos cómo se ve un joven que se desarrolla.

Para ser honesta, creo que la discusión de “foto sí, foto no” se roba el protagonismo de lo realmente importante: no solo decir, sino hacer. Más daño hacen los que solo critican desde la comodidad de su hogar. El peor tipo de ayuda es la que no llega. No podemos juzgar las intenciones de las personas por una foto, porque no sabemos realmente que hay en sus corazones.

Otra foto de mi voluntariado

Nuestra abuela tica postiza. Sacamos esta foto el último día, si hubo personas que hicieron mi experiencia única sin dudas ella fue una. Nos cuidó como a sus propios nietos, adoptivos por supuesto, una argentina, una brasilera y dos mexicanos, que lloramos luego de un abrazo fuerte de agradecimiento al marcharnos ese día y finalizar nuestra experiencia.

No debería ser parte de lo que cuento el hecho de que me hayan robado, porque sé que soy una excepción. Pero agradezco el hecho de que me haya permitido pensar en esto, y de haberme animado a hablar del tema. Es por eso que les digo a los que suben una foto de su voluntariado a sus redes: 

Respeto ante todo por ustedes, ciudadanos del mundo, que han logrado salir de sus zonas de comfort a una muy corta edad y crecer por un propósito mayor. 

Los saludo hoy desde este post, quizas mañana desde otra foto que tome en alguna ONG por el mundo para que más personas sean como vos, como yo,  que sepan que ellos también pueden descubrir esta experiencia.

 – Eli, Voluntaria Global en Costa Rica

Compartí de forma consciente al momento de vivir tu experiencia, te recomiendo esta guía para comenzar: How to communicate with the world.