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Es 24 de Diciembre del 2017. Un chico de 17 años está contento, quizás sea uno de los pocos momentos en el año en el que siente felicidad. El 2017 ha sido un año muy duro para él: Meses atrás fue detenido y desde entonces se encuentra en un Centro Cerrado de Responsabilidad Penal Juvenil. Hace un tiempo que no ve a su familia y él está ansioso por volver a ver a su mamá, a su hermana, a su hermano, está ansioso por mirar a los ojos a su hijita de apenas un año y decirle cuánto la quiere. Cada vez que habla por teléfono con alguien de su familia, intenta contenerse lo más posible para disimular su tristeza y no decirles lo mucho que los extraña. Sin embargo, hoy es un día especial: hoy es Navidad y su familia vendrá para pasar el día con él.

Es la hora del almuerzo, todas las familias entran al Centro y los jóvenes se reúnen con ellas, ¡están felices! El chico no puede creer que está viendo a su hija después de tanto tiempo y se hunde en un abrazo con ella. Pero de golpe, algo pasa, algo ve, y sus ojos empiezan a llenarse de lágrimas: en un rincón, solo y apartado de todos, está su amigo llorando. El cuadro es el siguiente: todos los chicos están en diferentes mesas compartiendo la comida con sus familias a excepción de su amigo, de apenas 16 años, que se encuentra agachado, llorando en un rinconcito de la sala porque nadie vino a pasar la Navidad con él.

El día que este chico (no puedo decir su nombre para cuidar su identidad) me contó esto, no pude contener las lágrimas.

En mi cabeza no podía borrar esa imagen y me lo imaginaba una y otra vez. Casi instantáneamente se me presentó mi imagen de la Navidad, donde nos reunimos con toda mi familia, que de hecho, por ser tantos separamos los festejos en dos: con una parte de mi familia nos juntamos el 24 a la noche y, con la otra, compartimos el 25 al mediodía. Preparamos la mesa, todos traen comida que, si me lo preguntan, alcanzaría para alimentar a la manzana entera. ¡Incluso a veces se termina tirando la comida después de la fiestas porque se echa a perder! Después de la cena, viene el helado y la ensalada de frutas, y finalmente el brindis y la mesa dulce, abarrotada de turrones, pan dulce, nueces y confites. Exactamente a las 00:00 todos salimos corriendo (en mi familia hay muchos nenes y nenas chiquitas) para encontrar las bolsas enormes que Papá Noel nos dejó. ¡Qué cantidad de regalos! Todos recibimos mínimo tres regalos. Después entramos y seguimos comiendo hasta no dar más. Estas son, brevemente, mis navidades hace 21 años.

   Comer hasta reventar | Fuente

Y ya no lo aguanto más.

¿Cómo puedo levantar la copa felizmente para el brindis y atragantarme de comida sabiendo que en ese mismo momento hay familias enteras que no tienen ni un turrón para festejar, o que hay un nene que ese día dejará de creer en Papá Noel porque es la cuarta Navidad consecutiva que no recibirá ni un solo regalo?

En Febrero de este año viajé a Perú para hacer mi voluntariado y elegí trabajar en un Centro de Responsabilidad Penal Juvenil en Lima. El 21 de Abril era mi cumpleaños y yo lo iba a pasar allá. Caía sábado y muchos de mis amigos de intercambio me habían propuesto planes para pasar todo el día festejando. Mientras se aproximaba ese día, me empecé a sentir un poco mal. Es que me había dado cuenta de que, el verdadero lugar donde yo quería pasar mi cumpleaños era dentro del Centro Juvenil, con los chicos que estaban ahí. Quería festejar con ellos. El problema es que era sábado y ¡los sábados no podía entrar al centro! Gracias a Juanita, una mujer con un corazón enorme que coordinaba mi proyecto, logré ingresar ese día y creo que jamás voy a encontrar las palabras para explicar lo mucho que lo disfruté. Acá quiero hacer una pausa porque muchas personas piensan que el hacer un voluntariado, o el elegir hacer algo por alguien más, desde compartir un plato de comida con alguien que no tiene o ir a un barrio a compartir la tarde con nenes y nenas del lugar, es un acto de compasión. Y que me perdone quien inventó esa palabra pero creo que no puede haber palabra más equivocada que esa. Si yo elegí pasar mi cumpleaños con los chicos del Centro Juvenil en Perú no fue, ni de cerca por compasión.

Todo lo contrario, fue por amor. El verdadero amor. Ese que nutre y construye a una misma.

“Jamás había tenido un cumpleaños tan lindo.

Mi alma irradia felicidad.

Gracias, una vez más.”

Eso fue lo que escribí en mi cuaderno ese día.

MI punto y aparte

Si me desvié contando lo de mi intercambio fue para dar cuenta de cuándo había sido el punto y aparte en mi vida. Cuando llegué de vuelta a mi ciudad, empecé a hacer un voluntariado en un Centro que aloja a jóvenes en situación de encierro (la historia del principio es de uno de los chicos que conocí acá) y hoy estoy muy emocionada porque voy a pasar unas fiestas completamente diferentes: el 24 voy a estar desde la mañana compartiendo el día con los chicos del Centro y, cerca de la noche, voy a ir a hacer un recorrido nocturno con la Fundación Sí, visitando a todas las personas que viven en la calle. A la noche, voy a festejar con mi familia, por supuesto, me encanta compartir las fiestas con ellos y de hecho soy muy agradecida por la familia que tengo. Incluso es probable que después del brindis y entrada la madrugada, me junte con amigas y amigos para festejar. Y no creo que eso esté mal. Pero sí creo que, justamente en Navidad, que es la fiesta que ya tenemos muy cerquita, tiene que haber algo más.

   La Navidad no es Navidad si no es para todos | Fuente 

Tenemos que dar algo más de nosotros mismos. La clave está en nunca pensar que es suficiente, porque nunca lo es. Siempre se puede hacer más y siempre podemos ser más.

Para estas fiestas yo elegí esto, al menos para la Navidad (¡todavía tengo que planificar mi Plan de Año Nuevo!). No hace falta esperar hasta que lleguen las fiestas para elegir vivir una experiencia distinta, siempre es tiempo de involucrarse en una causa que sea más grande que la comodidad de uno o una misma. Pero las fiestas y, sobre todo, la Navidad, son un buen momento para empezar y regalar un ratito de nuestro tiempo para hacer algo por alguien más.

 

 

 

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