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Con el fin de celebrar el papel que la educación desempeña en favor de la paz y el desarrollo de la humanidad, en el 2018 se aprobó la resolución que proclama este día, el 24 de Enero de cada año, el “Día Internacional de la Educación”, buscando de esa forma apoyar las acciones transformadoras en favor de una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos.

Alrededor de todo el mundo, los objetivos que se buscan promover son lograr una educación de calidad, que no solo se limite a una currícula escolar sino que potencie y aborde las nuevas problemáticas sociales y éticas que el mundo atraviesa. Por otro lado, se busca alentar la diversidad cultural, el diálogo y una cultura de paz, fortaleciendo los lazos entre los principales educadores de los niños: la escuela y el hogar.

El problema de la educación

Quizás a muchos de los que lean esto les pasó como a mí y cuando eran chicos le renegaban a sus padres de que no querían ir a la escuela, que no tenían ganas, y que era aburrida. La educación nunca fue una opción que pudiese ser cuestionada y era -para mi, en ese entonces- una obligación. Un derecho que nadie podía quitarme, ni siquiera yo misma. Pero esta no es la realidad de otros millones de niños y adolescentes, que no tienen las mismas oportunidades que tuve yo, y probablemente vos y todos los que te rodean.

Si hablamos de cifras, según la UNESCO actualmente hay un aproximado de 264 millones de niños y adolescentes de todo el mundo que no tienen la posibilidad de acceder a la educación, o se ven imposibilitados por terminarla. Los motivos de esto, son tan amplios como los conflictos existentes en la sociedad: pobreza, discriminación, guerras… y la lista sigue.

¿En qué se traduce esto? En el denominado “Ciclo de pobreza”, según el cual la baja escolaridad afecta las oportunidades y las opciones de trabajo a la que pueden acceder los jóvenes del mundo. Esto genera desempleo, mala calidad de vida y que finalmente se retorne a la pobreza, de tal forma que existen grandes posibilidades de que los hijos y nietos de estos jóvenes repitan y potencien este circulo a lo largo de los años.

Jóvenes en busca del cambio

María Paz y Leila son dos jóvenes que como tantos otros, mes a mes deciden vivir una experiencia de voluntariado en el exterior, contribuyendo con la educación de cientos de niños carenciados. Ambas se embarcaron a Brasil, a vivir una aventura totalmente innovadora, en la que no solo viajaban por ellas mismas, sino con la idea de cumplir un propósito que las excedía. Ninguna de las dos sabía portugués, y aún así tuvieron el valor de pararse día a día frente a un aula llena de chicos, dispuestas a enseñarles un montón de cosas nuevas y emocionantes.

Al respecto, Leila cuenta: “Fue mi primera experiencia haciendo un voluntariado fuera del país (…) enseñarle a los chicos fue un desafío tremendo al principio, no sabía hablar el idioma (…) pero fue una barrera que a la semana con mucho esfuerzo la pude superar y la comunicación dejo de ser un problema.”

Las dos estuvieron trabajando en favelas, dando clases, talleres y diferentes actividades a niños y adolescentes de bajos recursos, muchas veces pertenecientes a familias cargadas de muchos problemáticas sociales, sometidos a situaciones violentas, y que no asisten a la escuela.  Gracias a los voluntarios que viajan regularmente, estos niños adquieren conocimientos diversos y entran en contacto culturas que nunca antes vieron. Además, como nos cuenta María Paz: “Es una manera de mostrarles el mundo, de relacionarse, de ver que no están solos y sobre todo que hay temáticas que son mundiales y todos podemos ayudar para mejorar.”

Para los niños y adolescentes, la experiencia es sumamente enriquecedora. A través del contacto con los voluntarios, no solo aprenden idiomas sino que además se trabajan problemáticas sociales y temas valiosos que buscan lograr una concientización y una mejora en la convivencia de esos pequeños. María Paz cuenta que “hablamos de pobreza, las necesidades básicas y no básicas para vivir, la naturaleza, reciclaje, basura.” y con Leila aprendieron sobre “la cultura de mi país, sobre respeto por la tierra, el bullying, el compañerismo”

Aprender haciendo

Pero por supuesto, no son solo los niños los que resultan beneficiados de esta experiencia. Leila relata: “Me impacto de una manera tremenda, no puedo creer como en tan poco tiempo cree un vinculo tan grande con los chicos (…) Fue todo muy intenso y me quede con un cariño tremendo para ellos y el hecho de haber podido afrontar esta experiencia”. Por su parte, María Paz dice: “Me cambió mucho la manera de pensar(…) Aprendí a valorar muchas cosas que antes capaz no prestaba atención y hasta la manera de expresar mis sentimientos, los chicos son siempre sinceros y creo que a medida que crecemos perdemos un poco eso”.

Argentina y Brasil; niños y jóvenes adultos dispuestos a brindar su tiempo y su buena voluntad por ser parte del cambio en el mundo que se viene por delante, nutriéndose mutuamente de conocimientos, experiencias y amor. En este día Internacional de la educación, celebramos iniciativas como la de estas dos chicas que viajaron con ganas de darlo todo, desafiándose a sí mismas para impactar positivamente en las vidas y la educación de estos niños que mañana serán el futuro del mundo en el que vivimos todos.

 

¿Te gustaría hacer un voluntariado en el exterior como el que hicieron Leila y María Paz? Hacé click acá.

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