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Vanesa se enamoró de Guatemala. Durante el transcurso de su intercambio recorró sus calles, escuchó su música y conoció toda su cultura. Se animó a viajar sola y fue muy bien recibida.

Guatemala, Guatemala no es mala. Al contrario es buena y es hermosa, la tierra de la eterna primavera. Llamada así mundialmente; la “calidá” de su gente “chapina” (así le dicen allá). Lo bello de sus paisajes me cautivaron. Hoy quiero contarles de eso, de su población y de su cultura nativa que pude palpar a flor de piel, que se enamoren así como yo me enamoré de ella.

Paso a contarles: Por el lapso de seis semanas trabajé como voluntaria en el proyecto Guate Educa. A cargo de la ONG Walking for peace, donde se brindan tutorías y alimentos a niños y adolescentes de escasos recursos. En una de las zonas más carenciadas de la capital Guatemalteca, la zona 18. Tuve el privilegio de caminar por sus calles, en ellas descubrí un nuevo mundo para mí, era normal salir al barrio y ver a los habitantes vestidos con sus trajes típicos con muchos colores que adornaban el paisaje rodeado de montañas. Escucharlos hablar nuevas lenguas, que para mí son nuevas, valga la redundancia. Sin embargo son dialectos que ellos traen consigo hace miles de años, lenguas de origen maya que aún permanecen vigentes entre sus ciudadanos. Según estadísticas son 25 idiomas. El español como idioma oficial, 22 mayas, entre los cuales están el Kaqchikel  y el Mam (son los que recuerdo ahora), uno Xinka y otro Garífuna, ¿Sorprendente verdad?. Recuerdo el olor de sus tortillas, que no podían faltar en sus comidas diarias. También  a los vendedores ambulantes de artesanías únicas que resaltan sus orígenes. Creo que no me cansaría de verlos, ni de estar allí admirando su trabajo con el cual se identifican del resto.

Hay ciudades y aldeas en donde viven variedad de etnias. No existen diferencias, todos son iguales. Cabe resaltar que la gente es muy amable, respetuosa. Y las veces que tuve la valentía de salir o viajar sola, siempre hubo personas que me guiaron o me asistieron para que no me perdiera o tomara el transporte adecuado. Eso favoreció a que no me sintiera tan insegura, aunque ustedes entenderán que al estar en un país extraño uno siente un poco de temor, pero no me pasó nada, aquí estoy sana y salva.

Pude recorrer ciudades. También escalar el cerro chino que está pegado al volcán Pacaya, en San Vicente Pacaya y una montaña en el departamento de San Marcos donde desde la cima pude ver la ciudad entera. Incluso la frontera con México, conocí el lago más bello del mundo, el de Atitlán, el en departamento de Sololá. Me encontré con otra argentina oriunda del Chaco, con una mexicana, varios estadounidenses y una rusa, sin contar todos los amigos y amigas guatemaltecos que pude hacer allí. ¿Qué más decir?… En resumidas palabras: Me enamoré de Guate ♡

Vanesa Estrella.

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