AIESEC Argentina
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Cuando me preguntan de mi intercambio se me vienen mil momentos a la cabeza, pero siempre lo primero que se me aparece es una persona, y hoy voy a contar su historia, que marcó la mía para siempre. Es la historia de Emanuel, uno de los nenes con los que trabajamos.

Mi nombre es Aldana, tengo 22 años, soy miembro de AIESEC y realicé mi intercambio en Brasil con el proyecto Giramundo. Trabajé en una ONG que se encontraba en una favela, con nenes del tercer sector con el fin de la inclusión social.

Siempre notaba que Ema se apartaba de los demás cuando no le prestaban atención y se frustraba mucho cuando un juego no le salía.

Un día le pregunte qué le pasaba en mi portugués que en ese momento era medio pelo, y me dijo que me iba a contar cuando hablara bien su idioma. Le dije que ahora me iba a forzar mucho más de lo que venía haciendo. Desde ese día se pegó mucho a mí.

Un día no le salió un juego, y en vez de separarse como lo venía haciendo, me agarró la mano y me llevó a un cuarto de la ONG. Me dijo que yo ya hablaba bien entonces me iba a contar su historia.

No tiene papá, cosa que acá es muy normal. Tiene 11 hermanos y me contó que su mamá le pegaba cada vez que él hacía las cosas mal. “Entonces para ella todo lo que hago esta mal, ¿sabes?”. Me contó que un día se escapó de su casa durante dos días y la mamá nunca se dio cuenta que él faltaba. Y que por eso le gustaba mucho cuando nosotros, cinco intercambistas de distintas partes del mundo, le preguntábamos cosas, lo hacíamos participar, y lo que más le gustaba era que lo miremos.

Se me pusieron los ojos con lágrimas y le confesé que lo admiraba mucho. Él se rió y me invitó a su casa. Me daba un no sé qué ir… Por su historia y por miedo a lo desconocido. Día tras día me siguió insistiendo, hasta que finalmente fui. Su casa era del tamaño de un baño y nadie, pero nadie, le prestaba atención. Él iba con una sonrisa de oreja a oreja de mi mano, y ahí entendí lo que él quería era que conociera su realidad.

Un día me mostró su panza, tenía la quemadura de una placha, y me pidió que le diera un beso así lo curaba (siempre le decía que el amor cura, supongo que por eso lo dijo). Ese día antes de irnos me preguntó que cuando me iba, le conté que al otro día sería mi último día.

Y finalmente llegó mi no esperado último día. Me esquivó durante todo ese jueves, enojado por saber que era mi ultimo día. A horas de terminar la jornada lo busqué y me lo llevé al patio.

La ultima charla que tuvimos, le dije que cada vez que vea una estrella titilar soy yo que estoy pensando en él, y me dijo “Cada vez que veas una estrella que no titila, que son más, soy yo pensando en vos”. Ema hasta el día de hoy, no se imagina cuánto me estaba cambiando.

Realizar un intercambio no es cambiar al mundo entero, pero si es una experiencia que lo cambia a uno entonces algo en el mundo cambia. AIESEC es como dicen las azafatas, ante cualquier turbulencia ponete el salvavidas para primero salvarte vos, y nunca pero nunca te olvidés del que tenés al lado. De Recife, me vine con más de lo que dí.

Meses después continué trabajando en la organización que tanto me dio, un día de Julio en la oficina se me acerca un chico, se presenta: “Hola que tal, mi nombre es Emanuel. Me gustaría realizar un voluntariado la semana que viene, ¿se puede? Anduve viendo proyectos y me gusta Giramundo. Ya sé lugar, Recife en Brasil. ¿Cómo sigue el proceso?”

Me sorprendió verlo tan seguro con todo, y también debo decir, la casualidad del nombre y sus ganas de hacer el mismo proyecto en la misma ciudad. Procedimos y en una semana Ema ya estaba iniciando su practica. A los días me escribe, y me manda esta foto:

“¿Te imaginas de quién es? ¡Me tocó trabajar en tu misma ONG! A penas me presenté y dije que era de Argentina un nene vino corriendo a abrazarme gritando: ¡Cómo mi mamá Aldi!, con una felicidad increíble. Qué loco que para él Argentina seas vos, ¿no? Me sentó a hacerte dibujos, y escribirte y como quiere hacerlos en español acá me tiene ayudándolo con el idioma jaja. Te mando un beso grande, y nunca dejes de hacer lo que haces. A este pibe le cambiaste su mundo.”

Lo que no se imagina Ema, es que él también cambió mi mundo y para siempre.

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