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Mi primera vez fuera de casa

Irse lejos de casa por primera vez, no siempre es fácil. Tomar la decisión de pasar dos meses  lejos de tu país, de las personas que conoces y querés, de tu rutina, puede resultar un poco raro.

Pero hay una persona que dejó todos sus miedos de lado y se animó a vivir una experiencia diferente, única.  Ella es Karen y hace un año atrás decidió ir a Maceió, Brasil. Y hoy nos cuenta cómo fue su aventura.

Una experiencia única!

“Los primeros días de mi intercambio fueron increíbles, estaba llena de energía, de euforia. Yo había elegido el proyecto y el lugar a donde quería ir, aun así sentía como que era un mundo nuevo y estar ahí para mi significaba volver a nacer.

La primera semana fue un shock cultural muy grande, en el sentido de que la cultura era totalmente diferente a la nuestra, la forma en que las personas se relacionaban era distinto a como a mi me habían criado, pude notar de inmediato por ejemplo, que las personas en Brasil tienen muchos menos prejuicios que acá. Pero la emoción de estar en un lugar totalmente nuevo, de todos los días descubrir algo, conocer gente nueva, esa felicidad con las que me fui de mi casa  y llegue el primer día seguía estando siempre a flor de piel.

Conociendo nuevas culturas

Otro shock cultural muy grande fue mi primer día de trabajo en la ONG, más allá de que iba preparada y consciente de lo que iba a hacer y con una idea de lo que me podía llegar a encontrar. Cuando llegas y te toca vivir esa realidad es diferente, fue un día y una semana crucial para mi, porque los problemas por los que esas personas estaban pasando parecían ser más grandes de lo que yo podía hacer por ellos, hubo días en que me sentía perdida, no estaba segura de si lo que estaba haciendo realmente estaba ayudando.

En general, durante todo mi intercambio, no dejaba de auto descubrirme, pero más qué nada fue esa primera semana principalmente, en la qué muchas cosas en mi comenzaron a cambiar. Mi forma de ver las cosas, mis ideas, etc.

Nuevos amigos

Más allá de todos los choques y barreras culturales que viví y tuve que enfrentar esa primera semana de mi intercambio. Hay algo que siempre voy a recordar, y fueron todas esas caritas felices que me recibían. No solo de los niños con lo que iba a trabajar en la ONG pero también de esa familia que durante seis semanas iba a ser a mi familia, y aun así sin conocernos, me recibieron con mucho amor. Fue la mejor decisión que pude haber tomado, fui feliz con tan poco. Siempre recuerdo que viajé para impactar pero cuando me di cuenta ellos también habían dejado su marquita en mi “ 

Karen se animo. Animate vos también a vivir una experiencia diferente!

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