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Hoy vamos a conocer la historia de Milagros. Esta Sanjuanina, estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de San Juan, se animó a vivir una experiencia única trabajando por una lucha que ya le es personal, la igualdad de género.

Este verano tuve el enorme desafío de realizar mi voluntariado en Lima, Perú. Me recibió una ONG llamada Warmi Huasi, que la traducción de la misma es “La casa de la mujer”. Esta es una asociación sin fines de lucro que acompaña en el fortalecimiento y desarrollo de capacidades a los miembros de las familias de las comunidades donde trabaja, promoviendo la participación, la organización y el liderazgo en el marco del respeto mutuo e igualdad de oportunidades.

Trabajé durante seis semanas en el proyecto Empower (ODS número 5) cuyo objetivo principal es trabajar con la población vulnerable sobre la importancia de las mujeres y su papel de liderazgo. Fomentando la tolerancia e igualdad de género, enfocadas al papel de transformación. Junto con autoconciencia y auto confianza en las mujeres, transformándolas en individuos activos que contribuirán con el desarrollo del país a través de un ambiente equitativo.

Hasta luego confot zone, bienvenidos sean los desafios

Mi primer desafío en la ONG fue a la hora del trabajo ya estaba preparándome para tratar con mujeres adultas, pero nos encontramos con diferentes edades. Desde niños pequeños y adolescentes hasta mujeres adultas de 70 años. Nuestra labor era muy variada, quizás una mañana trabajábamos con niños y en la tarde con las mujeres líderes de la comunidad. Fue interesante tanto para mi como para las otras voluntarias. El trabajo en equipo fue tan claro y primordial, que pudimos cumplir con cada objetivo propuesto. Éramos 7 chicas de las cuales yo era la única argentina y las demás eran de Brasil, siendo yo la única de habla hispana. Supimos entendernos, al principio en inglés, luego pude entender portugués y ellas aprender español. Otro objetivo cumplido.

Desde el momento en que decidí viajar todo fue un desafío. Era salir de mi país, sola, para ir a trabajar a otro en donde no conocía la cultura, encontrarme con compañeras que hablaban otro idioma, atender diferentes edades. Creo que todo me sacó de mi zona de confort y enseñó mucho. Está en uno arriesgarse y hacer que todo valga la pena de verdad.

El mayor de todos fue la lucha interna conmigo misma. Estando lejos de casa comprendí un montón de cosas, aprendí mucho y valoré el doble. También, me conocí en diferentes situaciones replanteándome mis fortalezas y debilidades. Cosas que uno cree tener claro hasta que te animás a vivir experiencias como éstas.

¿Lo que más amé?  

Si tuviera que decir solo una cosa que me gustó de toda la experiencia, no podría. Cada momento fue increíble. Al final los disgustos o los mínimos problemas que puedan suceder no se comparan absolutamente en nada con todo lo que viví. Desde conocer gente maravillosa hasta trabajar en una ONG como fue Warmi Huasi. La comida riquísima del Perú, los lugares alucinantes, todo, absolutamente todo, hicieron de mi viaje algo que voy a recordar el resto de mi vida.

De vuelta a casa

Cuando volví a mi ciudad me sentía ajena a todo. Mi familia y amigos me repetían constantemente que no era la misma, y yo no dimensionaba lo que estaba pasando. Extrañaba mi rutina, mis nuevas amigas, la comunidad donde viví, absolutamente todo. Y después de varios días caí y comprendí que la ajena era yo. Todo estaba igual que cuando me fui. Yo había cambiado mi forma de ver las cosas, de actuar, de pensar y de sentir.

Reflexionando mi experiencia

Toda mi experiencia fue un aprendizaje del día a día, pero hoy lo que más destaco es saber y entender, sobre todo, que para poder mejorar el mundo primero hay que estar bien con uno mismo. Quererse para poder querer al otro, para poder lograr empatía y así contribuir a cambios reales. Velo por que más chicos deseen y contribuyan a construir una mejor sociedad para todos.

Conocí a tantas personas que hasta el día de hoy seguimos en contacto y no olvidaré nunca, pero una en particular me hizo abrir los ojos. Luz, o la luz de nuestras vidas, como decíamos con las chicas, era la encargada de la ONG, de cuidarnos y mimarnos mucho. Es una mujer luchadora por donde la miren, con una historia de vida única y realmente admirable. Ojalá algún día llegue a tener al menos un poquito del corazón que ella tiene.

Las cosas resultaron mucho mejor de lo que esperaba, porque mis expectativas las fui creando una vez que llegué a mi destino. Miro atrás y veo una persona totalmente diferente a la que soy hoy. Recuerdo con nostalgia esa mochila de esperanzas y sueños que llevé hasta allá. En retrospectiva no me arrepiento del enorme desafío que tomé, por más miedos e inseguridades que tuve. Hoy, se me caen unas lágrimas escribiendo esto y recordando todo lo que viví.

Recuerdo como hablaba con mi familia y amigos de cuánto los extrañaba, pero también todo lo que aprendí y la felicidad que cargaba encima. Hoy tengo nuevos amigos, y sobre todo, una nueva familia. Que la convivencia es difícil pero no imposible. Que entre todas siempre sacamos lo bueno de cada situación y eso es lo que importa, trabajar en equipo. 

Hoy puedo decir que no pasé ni un día malo, que no estuve triste ni un solo momento. Sé que una parte de mi corazón quedó allá. También que aprendí sobre valores, palabras, comidas y muy lindos lugares, destacando la novedad de todo.

Los desafíos se los pone uno mismo y es uno el que decide salir de tu zona de confort, porque nadie lo hará por nosotros. Hoy veo al mundo de otra manera. Conozco a tanta gente que se mueve por mejorarlo cada día, y me llena de alegría e impulsa a seguir.

Mirando al futuro

No sé si mi próximo destino será África o India, tal vez sea volver a Perú, como jura mi abuelo. El sabe perfectamente cuánto me marcó esta experiencia y la deuda que tengo con ese lugar, con aquellas personas. Aprendí mucho más de lo que enseñé. Con el pasar de los días desarrollé nuevas habilidades y supe lidiar con ellas, con mis miedos, angustias, metas. Y con la idea de un futuro, ese que va cambiando cuando te animas a realizar un voluntariado sólo y muy lejos de casa. Porque trabajar por los Objetivos de Desarrollo Sostenible es apasionante, la Igualdad de Género tiene que ser un compromiso de todos. Sobre todo si sos mujer ya que ves a tu lado muchas compañeras que levantan las mismas banderas y la lucha es aún más llevadera.

Y disfrutar de todo, de cada oportunidad, porque terminando un increíble viaje empezás a agradecer, a llorar a escondidas, a querer estirar los días, a tratar de que cada charla valga la pena de ser recordada, porque la experiencia ya lo es y esa es la mayor satisfacción de todas. 

Milagros Bustos.

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