AIESEC Argentina
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Amira conforma parte del staff de AIESEC Argentina hace ya 3 años. En esta ocasión se encontraba en Nueva York, como representante. “Mi trabajo consistía en afianzar las relaciones (a nivel organización) entre los dos paises, y lograr que la mayor cantidad de estadounidenses decidiera viajar a Argentna para ayudar en distintas ONGs del país trabajando por los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por ONU en 2015.”  En ese entonces se encontró con una situación que llamó su atención tanto en lo personal como en su rol de joven trabajando por la paz y el pleno desarrollo del potencial humano.

Tras días de amenazas por parte del presidente Donald Trump , Estados Unidos, Francia y Reino Unido lanzaron esta madrugada 105 ataques en Siria contra el régimen de Bashar Al-Assad , una semana después de un presunto ataque químico en la ciudad de Duma, entonces en manos rebeldes. Amira, nieta de sirios, se encontraba a unos pocos km de Washington DC durante el ataque.

¿Alguna vez te has sentido en una encrucijada moral? ¿Ese sentimiento de estar en un lugar o situación que desafían totalmente todo lo que crees y aún así no tenés más opción que quedarte con los pies plantados ahí? Esa sensación me recorrió el cuerpo hace unos días, cuando me desperté en la misma tierra que llaman hogar las mismas personas que accedieron a lanzar una bomba a la tierra de mis abuelos. Me encuentro a 30 minutos de Washington D.C, pero no sólo me separan unos kilómetros, también estamos en páginas totalmente distintas en lo referente a la paz.

Hace unos días, mi hermana me envió la foto de una bebé recién nacida. Su nombre es Lila Khayat, y aunque no es parte de nuestra familia, sentimos como si naciera un Abraham más. Ella es hija de refugiados sirios; los Khayat. Que ingresaron a un programa que ayudaba a familias a salir del país al contactarlas con “Llamantes” que se ofrecían a recibirlos en sus hogares. Nos anotamos en el programa, y empezamos a hacer los papeles para que Joseph, Maya, Jose y Abelardo (todavía en la pancita de sus mamá) pudieran venir a vivir con nosotros y escapar de la realidad de Alepo. Si bien por un motivo o por otro no pudieron llegar a mi casa, si llegaron a Argentina, sanos y salvos junto con otras familias sirias.

Mi hermana es quien sigue más en contacto con ellos, y seguro fue la primera en llorar de alegría cuando le llegó la noticia de que había nacido Lila. Al recibir esa foto, no pude evitar hacer una comparación bastante tragi-cómica: pensé en mi bisabuelo a sus 15 años, sentado calladito mientras temblaba en algún rincón del barco en el que él y su hermano se habían escondido para viajar desde Siria a quién sabe dónde. Escapándose de la guerra. Analisé cómo mi familia y los Khayat comparten ese trasfondo en su historia: escaparon de la guerra en Siria para llegar a Argentina a formar una familia.

No es difícil imaginar entonces, que la guerra en Siria sea algo que nos pega muy de fuerte a mi y a mi familia.

Se me hace super difícil llevar cuenta de quién está involucrado en este horror y sus “¿Por qué?”, o todo lo que ha ido pasando en el transcurso de los 8 años de conflicto en el que se encuentran. Sí tengo en claro, que aunque el lugar donde está ocurriendo es Siria, la guerra no es de sus habitantes. Es heredada, ficticia. Una excusa. Ya no hay distinción entre terroristas, partidarios del gobierno de Assad o rebeldes. Ya no es un conflicto nacional, sino un tablero de TEG donde las mismas potencias de siempre quieren ganar el juego de la manera más retorcida posible.

Cuando me enteré del nuevo ataque, lo primero que hice fue tratar de buscar información sobre lo que había pasado. No pude ocultar mi sorpresa y enojo al no encontrar nada en los medios; menos que menos preguntándole a la gente acá en Estados Unidos. ¿Lo único que encontré? Debates sobre armas químicas, la excusa (no fundamentada) para los ataques. Nada se comenta. Los estadounidenses viven en su propia burbuja, su propio ciclo de consumo-trabajo-repetición y no se interesaron ni un poco por lo que su propio gobierno hizo en contra de otra nación.

Después de 3 años trabajando en AIESEC, me dí cuenta de todo el camino que nos queda por recorrer… Una organización que trabaja por la Paz y el Pleno Desarrollo del Potencial Humano desarrollando líderes positivos en la sociedad, debería poder revertir todos estos conflictos. Si más personas se tomaran el tiempo de tratar de entender otra cultura, o vivieran el día a día basándose en valores, el  mundo seguramente sería un lugar distinto. Hoy más que nunca veo la falta de empatía, de valores y de liderazgo en general, y eso me empuja a seguir trabajando por revertir esta situación. Creo realmente que la paz es alcanzable, sólo hacen falta más personas comprometidas a caminar hacia ella.

Amira Abraham.

Las guerras deberían de ser confinadas al mundo de las películas. Porque si una bomba estalla en la pantalla, no duele, no mata.

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