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Tenemos 1000 historias para contar

Era una tarde de diciembre, tomando mates y charlando con mis amigos y comenzamos a hablar del poder de las historias. ¿Te preguntaste cuándo fue la última vez que contaste una? ¿Cuándo fue la última vez que te metiste en un mundo diferente, que reviviste una anécdota, que te dedicaste 30 minutos a dejar el celular y compartir con alguien algo que te haya pasado?

Tal vez consideramos que nuestras historias no valen la pena ser contadas, consideramos que no nos pasaron cosas INCREÍBLES. También que no vale la pena pasar 20 minutos recordando cosas que ya pasaron.

Tal vez consideramos que nuestras historias no valen la pena ser contadas.

Hoy estaba investigando sobre algunas cosas cuando leí:

“Llegué, si! Hace 3 días… Es mucha la ansiedad que se vive antes de subir al avión, el despegue, ni te cuento… Pero acá estoy, vivita y coleando en una ciudad mágica, Salvador de Bahía. La valija cargada de cosas materiales pero también de muchas expectativas, emociones, nervios, inquietudes, alegría, despedidas… Llegué, dispuesta a conocer, aprender, enriquecer mi alma de cultura, historias, aventuras!

Llegué, siiii!!! y una increíble familia me estaba esperando, son 4 en la casa, más una perrito. Lindo es tener una familia que te reciba con alegría, con entusiasmo, con ganas de darte lo que puedan pero con mucho amor. Estoy agradecida!”

Julia escribió su historia hace un año, leer su alegría al saber que al fin había llegado me hizo trasladarme a su lado cuando probablemente ese avión aterrizó. Imagino la emoción, el miedo, el latido de su corazón mirando por la ventana de ese avión. Imagino la cantidad de dudas, de incertidumbres que debían correr por su cuerpo. Pero por sobre todo sé que Juli estaba feliz porque al fin había llegado.

Hace 3 días estaba preparando una presentación cuando me crucé con algo. Ví una foto con Valentina, una de las nenas con las que trabajé en mi intercambio y se ve como las dos estamos formando un corazón con nuestras manos. Recordé esa tarde de enero en Brasil cuando ella me enseño a hacer los corazones “mas lindos y con la forma mas linda” como ella me decía. Valentina amaba los corazones y bailar y había encontrado en sus pequeñas manos la forma perfecta de crear un corazón.

Valentina amaba los corazones y había encontrado en sus pequeñas manos la forma perfecta de crear un corazón.

Nunca había contado esas pequeñas historias, y decidí que a pesar de que esa foto retrata 10 minutos de un recreo en mi ONG, la historia de Valentina y sus corazones valía la pena ser contada. Porque esa foto no retrata solamente un recreo en una ONG de Brasil, esa foto retrata MI historia de liderazgo. El párrafo que Julia escribió relata SU historia de liderazgo y sé que me gustaría escuchar mil historias más.

Nosotras fuimos 2 de los 1000 que viajamos este año y viajarán este verano.

¿Cuáles van a ser sus historias de liderazgo?

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