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Nuestra juventud quiere cambiar el mundo pero quiere ser reconocida por ello. Esto suena a el egocentrismo con el que tenemos calificados casi automáticamente a los millennials. Tan golpeados como la generación del yo, yo y yo, y lo quiero ya. Quizás no sea tan así si hablamos de que hoy cada vez son más los que apuestan a emprendimientos sociales.

Como jóvenes queremos lo mismo que todos. El reconocimiento por nuestro trabajo, incluso si se trata de salvar el mundo.

Orientando mi carrera a causas sociales

Investigadores de la Universidad Anglia Ruskin en Inglaterra realizaron un estudio tomando a 300 estudiantes de cursos de emprendimiento social.

¿Conclusiones? Descubrieron que no todos los estudiantes que expresaban empatía y deseaban mejorar el mundo querían convertirse en emprendedores sociales. Pero los miembros del grupo que pretendían seguir esa carrera tenían la confianza de que marcarían la diferencia y el fuerte deseo de ser valorados por las personas a las que ayudan.

“Los millennials son la generación del ‘yo, yo, yo’ y al mismo tiempo, es la que busca significado a través de un sentido más fuerte de responsabilidad social. Nuestro estudio presenta una imagen más matizada de cómo se forman las intenciones de carrera”.

En 2015 IBM elaboró un estudio llamado “Mitos, exageraciones y verdades incómodas: la historia real detrás de los millennials en el trabajo”. La firma descubrió que la generación del milenio, la generación X y los baby boomers compartían objetivos de carrera bastante similares. Una cuarta parte de los millennials, el 21% de los genXers y el 23% de los baby boomers informaron que una de sus metas a largo plazo era tener un impacto positivo en su organización.

Somos la clave

Emprender se trata de resolver un problema, no de iniciar una compañía. Aunque ésta no es una idea nueva, los jovenes de hoy estamos más conscientes de ello.

Karla Iberia Sánchez, periodista y parte del jurado de The Venture, resume las cualidades que hacen fuerte a un emprendedor social: la energía para mover el espíritu y la inercia de las comunidades.

Prácticamente, lo único que se necesita es tener pasión por una idea y la mentalidad para superar fracasos, caídas y dolores de cabeza.

Es decir, generalmente se trata de jóvenes hartos de una realidad y convencidos de su capacidad para cambiarla.

Un buen ejemplo de ello es la empresa Solben, fundada por Daniel Gómez en 2009 mientras estudiaba ingeniería química en el Tecnológico de Monterrey. A Daniel le frustraba la sabiduría popular que sugería que la dependencia de México en el petróleo dificultara el desarrollo de las energías alternativas.

Entonces desarrolló una compañía escalable de biodiesel y hoy más de 80 por ciento de la producción de este biocombustible en el país utiliza su tecnología.

¿Qué nos hace capaces de cambiar el mundo?

Somos inconformistas.

Vemos las problemáticas y no podemos quedarnos de brazos cruzados

Retamos al estatus quo.

No esperamos a que alguien más encuentre las soluciones.

Somos ingeniosos.

Lo imposible no existe, es sólo algo que todavía no se hizo.

Tenemos visión de negocios.

Sabemos crear modelos que además de impulsar a la sociedad y contribuir al medio ambiente son rentables para sus fundadores e inversionistas.

Tenemos un verdadero propósito.

Podemos hacer de este un lugar mejor.

Estamos motivados y tenemos una energía especial

“La verdadera fuerza de un emprendedor social es la energía para mover el espíritu y la inercia de las comunidades”, sostiene Karla Iberia Sánchez

Buscamos la escabilidad.

Las empresas sociales exitosas son aquellas que desarrollan modelos que pueden replicarse en otros lugares con condiciones distintas.

Nos preocupamos por todos los involucrados.

“Ser socialmente responsable se basa en una preocupación genuina por el crecimiento en general de todos los involucrados en el proyecto”, declara Pablo González Cid.

Somos optimistas.

Tomamos riesgos.

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